jueves, 19 de julio de 2007

Taller VS Diportto 19 julio 2007

Taller Apolo; la razón de ser. Vencer; el verbo

Lo primero: el acierto. Ni árbitro ni jugadores se vieronintimidados por la lluvia y gracias a ello, todo sucedió: una lluviatodopoderosa y Apolo estaba despierto, mirando a sus pupilos,tocándolos con cada gota, se escribía la derrota de Di porto; lagoleada de Taller..

Una barrida no es lo mismo que un resbalón y a Gallegos se leresbalaba el balón en pleno arco (más tarde, el propio Gallegosrepetiría esta frase hasta el cansancio, en una especie de trauma paratodos evidente). No obstante, Taller Apolo se apoderó del primertiempo llegando insistentemente aunque sin suficiente contundencia.Por el otro lado, Di Porto, en uno de sus desesperados despejes,consiguió un tiro libre en las inmediaciones del área causado por uninjusto yerro de Lorenzo, nuestro portero estrella quien tomó el balónfuera del área. Imposible fallar, la barrera de taller en la línea degol y un Santos esquivo, le regalaron el primer tanto a un incréduloDi Porto aún sumido en la desesperación.

El medio tiempo llegó. Los jugadores de Di Porto se gritában entresí, impacientes, exasperados, perdiéndo la integridad como equipo. Alver esto, los jugadores de Apolo esgrimieron una sonrisa en el rostroy, al son de la lluvia se tomaron de las manos para gritar ¡Apolo!.Desde ese momento, los jugadores de Di Porto estaban psicológicamenteen la lona. Taller Apolo hizo dos cambios, entraron Becerril y Ortíz;salieron Gallegos y Pascoe. Y en seguida, desde el vértice del área,Ortíz punteó el balón para amarrarlo a las redes. Más tarde el mismoOrtiz dió el pase a Becerril para que éste, en un toque cuneiforme,venciera al portero enemigo.

Otro error de Taller y otro gol de Di Porto: 2-2

Pero una barrida no es lo mismo que un resbalón y en unabarrida Morales empujó la pelota. La balacera apolínea comenzaba:Fernando Ortíz tomó la pelota y con su cadera derrumbó medio equipocontrario para cederle el gol a Gallegos que empujó la pelota con unbrinquito para meter el 4-2.

Finalmente, desde el área defensiva Wata despeja el balón confuria ciega y, cínicamente, celebrando su embrujo, dibuja una sonrisacuando éste está en el aire: 5-2. La saga no hace más que comenzar.

Emiliano Becerril
Próximo encargado de la reseña: Martín Morales

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