viernes, 27 de julio de 2007

Taller Apolo, con el camino en la mano. 27 julio 2007



Taller Apolo, con el camino en la mano.



Dispuestos los caballeros de Apolo en orden de batalla, puntuales ala cita del horario extendido con una suntuosidad que ha venidocaracterizándolos y buscado dar fin a una semana de intensa búsqueday reflexión que iniciara, cuando Facio, injuriando al cruel yfunesto destino clamara por una segunda oportunidad. Una reiteraciónde Rocha, imposible de formularse en un tono más concreto. Pascoeargumentando sobre la posibilidad de saber adónde se va, pero nuncasin regresar y volver al origen mismo del conflicto. Becerrilincitando a fortuna a girar en una marcha justa, rápida ydesesperada. Ortiz decantando los criterios de selectividad a travésde la democracia chichimeca. Y finalmente Peligro, que si bien habrillado por su ausencia en los dos últimos partidos, no lo ha hechomenos en la formulación de propuestas catalíticas. Retomando la razónmisma del fútbol, conciliando el carácter ameno y divertido quetiene, dando el último adiós a los sueños infantiles y la bienvenidaa la virtud que hace de la paciencia el cauce de las aspiraciones delTaller. Así se presentaba el Taller Apolo a su tercer encuentro.-La capitanía se gana desde el porte-, fueron las palabras de Artigasen búsqueda del sucesor de un gafete embolsado en el partido anteriory truncado por una lesión. La designación cayó en manos de Morales,que conservando el esquema de juego previo, propuso una líneadefensiva integrada por Watanabe como líbero, Filloy y Pascoe en lasbandas, Hernandez y Morales ocupándose de la distribución de juego,Gallegos en punta y el indiscutible Lorenzo con la siempre heroicamisión de preservar el marco.


Por fin llegó el momento, los dos ejércitos estuvieron cerca y frentea frente. Antes, el limitado “Quetzal” había dado muestras deblandura e intimidación ante la numerosa hueste del Taller.Inicia el partido sin el grito acordado de guerra, Apolo en latribuna celeste habría de hacer evidente el agravio sin conceder losfavores del pulso que requería la ocasión. Rápidamente se nota en lacancha que hay un único equipo. Quetzal con sus alas cercenadas, sinposibilidad de emprender el vuelo se encontró confuso mostrando deuna vez por todas, la tónica que habría de mantener a lo largo delencuentro, siempre a través del mismo alado quien sin éxito intentabaarremeter a la defensa del Taller (y más tarde habría de revelar susplumíferos principios espirituales al hacer referencia a la expulsiónde mal ante la propuesta de Ortiz de empujarse una chelita en eltercer tiempo). Para el primer cuarto de juego, el balón rueda yPascoe muestra el ansia de gol que lo acompañaba descolgándose porlas bandas y acariciando sin poder culminar la gloria máxima. Elencuentro cae en una especie de modorra que no encuentra por dondefracturar la red rival. Antes del medio tiempo se habían realizado unpar de cambios, el primero de los cuales dejo la sangre de Filloyregada en el campo de juego. Y el segundo que dio a Ortiz laposibilidad de materializar las saetas apolíneas para queencontraran su camino al fondo de la red. Y así fue, antes delombligo del encuentro se presentó un potente disparo por parte delsusodicho y Taller se aventajaba 1-0.


El medio tiempo termina en ventaja sin dejar a un lado un ofuscado yagotador 1 por 0. Se realizan cambios en todas las líneas. Icazatiene un precipitada participación a causa de sus zapatillas o loslentes, como lo expresara el árbitro quien siempre cortés, semantenía al tanto de las acciones del Taller y amenizaba a la bancacon su anécdotas. El juego se vuelve a instaurar nuevamente en unamaraña que no encuentra rumbo. Las ocasiones fueron escasas, un parde disparos aislados por parte de Filloy y Facio que reflejaban lafalta de una propuesta contundente, el ansia y confusión del equipovista en los Emilianos. No fue sino hasta el último minuto de juegoque nuevamente Ortiz terminara con la escueta ofensiva y sentenciarael encuentro en un 2-0 que como más adelante se comentaría en la mesade caballeros estuvo muy lejos de ser ese triunfo avasallador queprometía.Martín Morales

jueves, 19 de julio de 2007

Taller VS Diportto 19 julio 2007

Taller Apolo; la razón de ser. Vencer; el verbo

Lo primero: el acierto. Ni árbitro ni jugadores se vieronintimidados por la lluvia y gracias a ello, todo sucedió: una lluviatodopoderosa y Apolo estaba despierto, mirando a sus pupilos,tocándolos con cada gota, se escribía la derrota de Di porto; lagoleada de Taller..

Una barrida no es lo mismo que un resbalón y a Gallegos se leresbalaba el balón en pleno arco (más tarde, el propio Gallegosrepetiría esta frase hasta el cansancio, en una especie de trauma paratodos evidente). No obstante, Taller Apolo se apoderó del primertiempo llegando insistentemente aunque sin suficiente contundencia.Por el otro lado, Di Porto, en uno de sus desesperados despejes,consiguió un tiro libre en las inmediaciones del área causado por uninjusto yerro de Lorenzo, nuestro portero estrella quien tomó el balónfuera del área. Imposible fallar, la barrera de taller en la línea degol y un Santos esquivo, le regalaron el primer tanto a un incréduloDi Porto aún sumido en la desesperación.

El medio tiempo llegó. Los jugadores de Di Porto se gritában entresí, impacientes, exasperados, perdiéndo la integridad como equipo. Alver esto, los jugadores de Apolo esgrimieron una sonrisa en el rostroy, al son de la lluvia se tomaron de las manos para gritar ¡Apolo!.Desde ese momento, los jugadores de Di Porto estaban psicológicamenteen la lona. Taller Apolo hizo dos cambios, entraron Becerril y Ortíz;salieron Gallegos y Pascoe. Y en seguida, desde el vértice del área,Ortíz punteó el balón para amarrarlo a las redes. Más tarde el mismoOrtiz dió el pase a Becerril para que éste, en un toque cuneiforme,venciera al portero enemigo.

Otro error de Taller y otro gol de Di Porto: 2-2

Pero una barrida no es lo mismo que un resbalón y en unabarrida Morales empujó la pelota. La balacera apolínea comenzaba:Fernando Ortíz tomó la pelota y con su cadera derrumbó medio equipocontrario para cederle el gol a Gallegos que empujó la pelota con unbrinquito para meter el 4-2.

Finalmente, desde el área defensiva Wata despeja el balón confuria ciega y, cínicamente, celebrando su embrujo, dibuja una sonrisacuando éste está en el aire: 5-2. La saga no hace más que comenzar.

Emiliano Becerril
Próximo encargado de la reseña: Martín Morales